El Centro Cultural Memoria de Andalucía acoge la obra pictórica de Lazúen, a través de su mirada insolente   

Juan Carlos Lazúen con una de sus obras
23 de Octubre, 2018

Hasta el 6 de enero se podrán visitar las 40 piezas de la exposición “Una mirada insolente”, de Juan Carlos Lazúen, que incluye cuadros, esculturas y un montaje audiovisual     

 

Esta mañana ha quedado inaugurada una nueva exposición en el Centro Cultural Memoria de Andalucía, dedicada al artista multidisciplinar Juan Carlos Lazúen. La muestra consta de 40 obras que incluye cuadros, esculturas y una pieza audiovisual y estará en cartel hasta el 6 de enero del próximo año.   

La nueva exposición puesta en marcha por CajaGranada Fundación se presenta bajo el provocador título “Una mirada insolente”. Sin embargo, la obra de Lazúen no tiene la intencionalidad de hacer o decir nada ofensivo o insultante contra ningún aspecto de la expresión plástica, que “Una mirada insolente” se entiende más como una acción desusada o temeraria, poco ortodoxa con la pintura, con la intención de ser atrevida y descarada, eso sí. 

La mirada desempeña un papel fundamental en la obra de Lazúen. Porque atreverse a mirar de otra manera es el modo más adecuado para ver el mundo de forma diferente. “Líneas, manchas, secuencias, ritmos, estructuras, luces… colman el universo que nos rodea y que percibimos de modo sumiso sin preguntarnos por qué es así, por qué se organiza de esa forma, por qué nos inquieta o nos sosiega cuando estamos sumergidos en él. El inestable equilibrio entre el universo inherente y la búsqueda de la belleza es el motor de toda acción artística sin renunciar a posiciones críticas ni a la necesaria provocación de la expresión plástica como instrumento de reflexión y comunicación”, señala Juan Carlos Lazúen. “El tiempo bien utilizado permite crear soluciones que conduzcan al deleite estético impregnado de la historia asimilada”, apostilla el artista. 

 

La obra de Juan Carlos Lazúen. Por Álvaro Salvador, catedrático de la UGR

Pintura y poesía han estado estrechamente relacionadas a lo largo de la historia del arte y la literatura. Desde las temáticas y los claroscuros barrocos hasta las imágenes y desarrollos intensamente poéticos de prerrafaelitas y pintores simbolistas. 

De cualquier modo, cuando la pintura intenta reproducir las sensaciones emocionales de la poesía de un modo más intenso, a base de imágenes elaboradas a través del color o de la experimentación con las formas, es cuando estallan los movimientos de vanguardia al comienzo del siglo XX. 

Precisamente, los planteamientos de la vanguardia consisten en alejarse todo lo posible de la tradición imitativa, de los procedimientos clásicos de imitación de la realidad, y la búsqueda de unos resultados plásticos que apelen no a la razón o a la comprensión vulgar del mundo que nos rodea, sino más bien a los sentimientos, a las emociones, a las creencias, con un sentido trascendente al erigirse el artista como el creador de bellezas alejadas de la realidad. 

Si las ciencias habían contribuido a llenar la naturaleza de elementos nuevos que contradecían sus leyes ¿por qué el artista no podía crear artefactos hermosos que contribuyesen a enriquecer el concepto abstracto de la Belleza? 

Es curioso que a los primeros movimientos de vanguardia, el cubismo, orfismo, expresionismo, rayonismo, tachismo, etc., se le denomine “abstracción lírica”. Efectivamente, uno de sus primeros cultores, el pintor ruso Vasili Kandiski, lo explicaba en su obra De lo espiritual en el arte: “La fuerza psicológica del color provoca una vibración anímica. La fuerza física elemental es la vía por la que el color llega al alma […] La forma, aun cuando sea completamente abstracta y se reduzca a una forma geométrica, posee en sí misma su sonido interno, es un ente espiritual con propiedades identificables a ella […] Determinados colores son realzados por determinadas formas y mitigados por otras […] La disonancia entre forma y color no es necesariamente disarmónica sino que, por el contrario, abre una nueva posibilidad de armonía.”

Pues bien, en esta línea de tradición de la ruptura, de abstracción lírica, de pintura poética se inscribe la obra de Juan Carlos Lazuén que hoy nos ofrece. 

En las series que componen esta muestra no solamente están muy presentes los ecos de Kandiski, Mondrian, Delaunay o el expresionismo abstracto, sino que además hay una voluntad clara de aportar a esa tradición la gota de originalidad que pedía Jorge Luis Borges para toda creación artística verdadera. 

En este nuevo siglo XXI, después de la posmodernidad o la transvanguardia, el adjetivo originalidad es un término completamente obsoleto que quizá convenga ya sustituir por autenticidad o verdad. Verdad de la dedicación sincera a una actividad artística, con el conocimiento de los materiales y la experiencia de la historia necesarias para presentar una obra personal y contemporánea. Pintura, sólo pintura, pero con una gran cantidad de poesía en su interior. 

 

Información práctica:

Lugar: Sala de Exposiciones Temporales del Centro Cultural Memoria de Andalucía. Avda. de la Ciencia, 2. Granada

Fechas: Desde el 23 de octubre hasta el 6 de enero

Horario visitas: De martes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 20:00 horas / Domingos y festivos de 11:00 a 14:00 horas / Lunes cerrado

Entrada gratuita.

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